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“Queremos recuperar la esencia del Thyssen”

Guillermo Solana, director del Museo Nacional Thyssen- Bornemisza, entrevista Carina Bellver.

Sorolla y Vasarely son las dos grandes apuestas de primavera del  Thyssen-Bornemisza, uno de los museos españoles e internacionales de referencia, que en noviembre celebró sus 25 años de historia. Un cuarto de siglo después, este Museo Nacional abre una nueva etapa de redefinición, ligada a la recuperación de su esencia fundacional, como nos descubre su director artístico, Guillermo Solana.

¿Qué balances hacéis del primer cuarto de siglo del Thyssen-Bornemisza?

Podemos afirmar que el museo ha sido todo un éxito y ha arraigado en España completamente, este es nuestro balance. Se trataba de una colección aerotransportada por un nombre alemán y se ha arraigado, como si el museo siempre hubiera estado aquí. Hay pequeñas dificultades con las que hay que luchar siempre, como es el equilibrio presupuestaario que no está garantizado nunca y que no todas las exposiciones funcionan bien.

El Thyssen es Museo Nacional desde septiembre. ¿Qué implicaciones conlleva?

Es algo simbólico pero es el mejor regalo que nos ha hecho el ministerio de Cultura. No lo habíamos pedido pero es importantísimo para que el público se acostumbre a la idea que somos  un museo público, propiedad de todos los españoles, en los mismos términos que Prado y Reina Sofía. El Thyssen tiene una magia enorme y un poder enorme pero tiende  a sugerir que somos un museo privado. Y para contrarrestar esto, nada mejor que ser un Museo Nacional. Nos sentimos muy honrados y contentos.

¿Por dónde pasan los objetivos de futuro?

Cuando llegué al museo, mi objetivo era conseguir más público, que fuera más de todos. Y eso lo conseguimos. El número de visitantes creció y actualmente estamos entorno al millón de visitantes. Ahora ponemos el foco en una nueva etapa en la que queremos recuperar la esencia del Thyssen. Hasta ahora, hemos hecho de todo, hemos sido un poco hiperactivos y en esta nueva etapa queremos establecer un nuevo programa de exposiciones con el cual redefinir nuestra imagen, no desdibujarnos ni perder nuestra identidad. Hemos hecho muchas cosa y quizás nos hemos dispersado un poco y queremos hacer pocas exposiciones para concentrarnos en nuestra esencia. Somos una colección internacional pero instalada en España y tenemos todo el acento dominante en la tradición moderna, no tanto en la contemporánea, desde mediados del XIX a finales del XX. Es lo que nos dicta nuestro público, nuestra colección y nuestra tradición. 

¿Por qué una retrospectiva al padre del Op Art?

Victor Vasarely fue un pintor extraordinariamente popular en los 60 y 70. Impulsó la moda del Op Art y en aquella época acabamos incluso un poco saturados. Hace unos años visitamos el Centro Pompidou de París, tenía una sala con unos Vasarely maravillosos y pensamos que valía la pena recuperar este artista, que ya creíamos olvidado. Y entonces vimos Vasarely con otros ojos. También dió la casualidad que los dos museos de Hungría, Budapest y Pécs, su ciudad natal, dedicados al legado del artista nos ofrecieron la posibilidad de mostrar su obra. Y creímos que era una idea fantástica. Además, en febrero de 2019, el Centro Pompidou de París, ciudad donde vivió Vasarely hasta su muerte, le dedicará una gran retrospectiva. Nosotros nos adelantamos.

¿Qué queréis destacar de Vasarely?

Queremos destacar que fue artista del movimiento abstracto geométrico de posguerra, que cristalizó un lenguaje nuevo, el de la vibración óptica, con un enfoque muy moderno de nuevos soportes, de arte múltiple, de adaptación a la arquitectura y al objeto. Un artista que desacralizó el arte para que fuera cotidiano, y por ello algunos lo han acusado de banalizar el arte. En esto es muy paralelo al Pop Art, con un carácter de modernización radical y de democratización, de secularización, para convertir el arte en diseño de la vida cotidiana. Son piezas visualmente muy vistosas, muy sexy y placenteras de ver. La exposición es un recorrido por toda su carrera, desde sus orígenes a cómo va adquiriendo su propio perfil y personalidad.

¿Y en el caso de ‘Sorolla y la moda’?

Es una exposición de 70 pinturas de Sorolla, fundamentalmente retratos, que muestran varias etapas. La primera es sobre el ámbito familiar, después del retrato de encargo, del veraneo con pinturas al aire libre y, finalmente, la conexión con París. Con estas cuatro facetas, queremos mostrar un Sorolla al cual le interesó la moda contemporánea, fue un pintor íntegramente moderno y dejó testimonio de esta moda. Se trata de una exposición que combina pintura, fotografías, muebles, joyas y muchos vestidos. Hemos recorrido muchos museos de indumentaria y colecciones privadas, desde el Museo del Traje de Madrid al Victoria and Albert Museum o el Museo Textil de Terrassa, buscando equivalentes de las ropas que salen en los cuadros de Sorolla. El problema es que son difíciles de encontrar. Con todo ello, se crea un puente que te permite entrar en el cuadro y el efecto es sensacional. Cuando hemos visto los vestidos, los cuadros han cobrado una realidad y un brillo distinto, cobran vida y dan impresión de realidad. Creo que la exposición va a gustar muchísimo.

¿El futuro de la colección privada de Tita Cervera en el Thyssen está asegurado?

La baronesa tiene más de 1000 cuadros. Hay 400, una colección de maestros internacionales, que está depositada en Madrid y cuya continuidad depende de un acuerdo con el gobierno. Lo que Tita Cervera tiene que acomodar en ese acuerdo son las demandas de su hijo, como futuro propietario. Pero estoy seguro que habrá un acuerdo antes del verano para que estos cuadros puedan seguir en Madrid.