Ferran Barenblit

Director del MACBA, Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona

El Macba se hace valer de su marca personal para exhibir la primera gran retrospectiva institucional de Rosemarie Castoro, una de las voces más desconocidas de la vanguardia americana. Una exposición que convivirá junta a la dedicada a Joan Brossa, uno de los grandes del arte contemporáneo catalán. Son dos de las propuestas de un año 2018 en que se programarán muestras de Francesc Torres en marzo, Mataró Domènec en abril y Jaume Plensa en noviembre y durante el cual, la colección del museo se expondrá de forma permanente en los 1.400 metros cuadrados de la primera planta del edificio Meier. Lo repasamos todo con Ferran Barenblit, director del museo desde hace dos años.

Rosemarie Castoro es la gran minimalista olvidada. ¿El objetivo es recuperarla?

Y darla a conocer. Esta artista americana no tuvo visibilidad en la historia. No es conocida ni por el gran público ni por el especialista. Con la exposición, repasamos los 15 años más importantes de su carrera, ya que después se desvaneció. Se trata de una obra de una solidez y precisión matemática extraordinaria. Queremos poner énfasis en la evolución de esta artista y cómo va madurando un corpus de trabajo muy homogéneo, donde se prefiguran cosas que aparecerán en el tiempo y que estaban concentradas en su trabajo. Se trata de mirar los 70 desde otra punto de vista y a través de su obra, de una artista que no obtuvo reconocimiento en ese momento.

¿Por qué la importancia de remarcar su figura?

Básicamente porque creemos que es importante reencontrar una personalidad que no ha estado suficientemente mirada por la historia del arte. Además, el arte de Castoro tienen un formalismo muy contundente, donde la esencia de obra de arte es muy visible y la exposición remarca este discurso. Hay una formalidad que traspasa su trabajo y que es importante mirar. Y se le suma el hecho de que es también una teórica y activista feminista. Creemos que siempre es poca la mirada de género y que se deben reequilibrar tantos años de mirada patriarcal con autoras como Castoro.

¿De qué manera Castoro dialoga con Brossa en el museo?

La época de Castoro también se refleja en Brossa. Las dos exposiciones actúan como un eje una de la otra, las dos son cronológicas y las dos nos descubren algo. La de Brossa nos descubre nuevas capas de lectura y la de Castoro, toda una visión de una artista que no conocíamos.

 

“El arte debe ser un espacio donde la realidad se interrogue a sí misma”

¿Qué nuevas lecturas hacéis de Brossa?

Son muchas. Este Brossa se explica más desde Brossa mismo. Hasta ahora, las lecturas que se han hecho se han insertado en una cultura catalana necesitada de un papel como el de Brossa para explicar la cultura catalana. Con esta exposición, se recupera la capacidad de explicar Brossa por Brossa, cómo funcionaba su mente como poeta y creador de objetos basado en el bilingüismo entre palabra y lenguaje visual, donde su personalidad no es la centralidad, acentuando sus actitudes y su forma de operar, la performance, las artes escénicas, desvinculándolo de los objetos artísticos y haciéndolo dialogar con artistas como Marcel Mariën, Nicanor Parra y Ian Hamilton-Finlay, que ayudan a explicarlo. A Brossa, si algo le falta, es aparecer más visiblemente en la historia del arte, tener claro su lugar. No es cuestión de reconocimiento sino de conocimiento.

¿Por dónde pasa el futuro del Macba?

Por un lado, pasa por reforzar la colección. Creemos que Barcelona necesita dialogar de otra forma con la colección como museo y dar un paso adelante, ser más históricos. Queremos reforzar la colección con toda la contundencia y estamos pensando mucho en cómo la presentamos. Por otro lado, el futuro pasa por la necesidad de contemporaneizar el museo. La narrativa del Macba está centralizada en explicar de 1968 a 1975 pero ahora debemos ser capaces de entender los 90, desde la caída del muro de Berlín a la caída de las Torres Gemelas. Es imprescindible escribir esta historia con precisión y darle a una generación más joven la posibilidad de mirar su propia historia. Debemos fijar esta década porque es el momento en que se define nuestro mundo tal y como lo conocemos ahora.

¿Puede haber arte crítico ligado a las instituciones?

Creo que es más fácil ser crítico cuando hay una participación pública. El arte que se hace en Barcelona no és más o menos crítico que en otros lugares, como Berlín. A lo mejor es más cuestión de relevancia que de capacidad crítica. ¿Es suficientemente relevante lo que hacemos? Creo que tenemos que mejorar en la relevancia de las obras, que tengan un impacto en la sociedad más intenso y debemos incrementar esa relevancia. Tenemos que hacer que el arte sea un espacio donde la realidad se interrogue a sí misma.