Carles Guerra

Director de la Fundación Antoni Tàpies

La cotidianidad aparente de los objetos utilizada como arma política es la reflexión a que invita la Fundación Antoni Tàpies sobre la obra del artista catalán. Con ‘Objetos’, visitable hasta el 28 de septiembre, el legado de Tàpies dialogará con creadores asociados a la modernidad crítica, como los fotógrafos estadounidenses Allan Sekula o Susan Meiselas. Todo con la crisis de la fotografía moderna y la emergencia de un paradigma crítico para la práctica del arte como eje motor de la programación.

¿Dónde se coloca Tàpies en esta revisión que proponéis?

Este paradigma crítico de Allan Sekula es la condición que exigía Antoni Tàpies en cualquiera de sus proyectos que presentaba durante la dictadura de Franco, que no permitía la subjectividad propia del artista moderno. Por ello, Tàpies debe inventar una modernidad en unas condiciones difíciles e imposibles y lo hizo con un arte político en un contexto de doble censura: la del Franquismo y la censura a la modernidad, que obligaba a eliminar cualquier elemento literario. Y Tàpies consigue ser un artista moderno, superando las dificultades.

¿Qué es lo que une a los dos artistas?

Aunque parezca que son figuras opuestas, ya que Sekula reintroduce la literatura en la práctica fotográfica moderna, se sitúan en el entorno del mismo problema. Y ello hace aflorar la figura de Tàpies. La mejor manera de dialogar con el legado de Tàpies no es confrontarlo con una figura similar de coordenadas ideológicas idénticas sinó con una figura que dialoga en unas condiciones ligeramente diferentes y que lo sacude.

¿Con qué fin exponéis ‘Objetos’?

A partir de los años 60, Tàpies decide darle a sus cuadros una función política. De esta forma, su obra será política en la medida en que el visitante le otorgue este posicionamiento. Además, Tàpies consigue hacer una pintura abstracta que es contenedor de posicionamientos políticos muy precisos. Hasta el punto que sus obras explican referencias exactas a sucesos de la época, tales como Pila de platos, 1970 y Escoba, 1965, que hacen referencia a los hechos de la Caputxinada de 1966. Los objetos que elige son cotidianos y marcan un territorio de privacidad para salir del espacio público censurado. Así, los contenidos políticos quedan camuflados en esta privacidad.

En el caso de Sekula, será la presentación en España de la obra del estadounidense, marcada por la crítica a la globalización.

Para él, el mundo viene representado por una malla y una conectividad de puerto a puerto, la connectividad de las mercancías pesadas que llevan a la globalización y a la precarización del trabajo. Y aquí la Barcelona postolímpica tiene un papel muy importante. Sekula considera que es un caso prototípico de las nuevas economías neoliberales. Una ciudad marcada por su condición portuaria, que le ha dado identidad como ciudad marinera pero que ha creado una marca rentable para una economía turística y de servicios que borra todo lo que la hacía atractiva, como la economía del mar.

 

“Tàpies inventa una modernidad en condiciones imposibles”

Una crítica a la Barcelona escaparate que parece que todavía sigue vigente...

Está en el orden del día en una ciudad que denuncia la gentrificación. Una Barcelona que no quiere verse asociada a un único modelo productivo, como la explotación de sus encantos, su turismo y patrimonio, y que quiere mantener una diversificación de las formas del capital. Necesita recuperar la Barcelona industrial, portuaria y esta pérdida de diversidad se convierte en drama. Éste es el icono que critica Sekula. Su gran obsesión era hacer tangibles, visibles y concretos todos los aspectos abstractos del capital.

La Tàpies sale de su sede y se extenderá a la playa con Opavivará!

Es el nombre del colectivo de artistas brasileños que surgen al entorno de los Juegos Olímpicos de Río. El objetivo es llevar a un espacio lúdico, como es la playa, el lenguaje político de los movimientos sociales para romper la supuesta separación entre ocio y activismo político. Queremos que se conviertan en catalizador de los conflictos que se viven en el barrio de la Barceloneta, harta del asedio indirecto del turismo bajo la imagen de progreso, fiesta e internacionalización y que provoca una expulsión sistemática de sus vecinos. Tenemos que mantener esta idea de que un trabajo no se hace en abstracto, se hace poniendo atención en los espacios locales.

Entre tanta crítica aparece también la obra ‘Domingo’ de Oriol Vilanova.

Con Oriol hemos hecho un ejercicio muy interesante. Este joven artista no corresponde a la constelación de nombres que han expuesto en la Tàpies pero su trabajo habla de la necesidad del artista de ubicarse en la economía del capital. Ha sido una gran lección de cómo articular una generación de jóvenes con artistas críticos como Sekula, Meiselas o Tàpies. Y creo que casa bien con el propio Tàpies porque, como las postales de Vilanova, los objetos de Tàpies también fueron rechazados després de su uso. La instalación de Oriol Vilanova puede parecer fácil y ligera pero hay un ejercicio de posicionamiento respecto a la economía urbana y del capital.