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“La creación es una forma de respirar”
Jaume Plensa

 

Después de exponer por medio mundo, Jaume Plensa vuelve a casa con una doble exposición en Madrid y Barcelona. Hasta el 3 de marzo, el Reina Sofía acoge ‘Invisibles’ en el Palacio de Cristal, mientras que el MACBA ofrece una retrospectiva del artista, 22 años después de su última exposición en su ciudad natal.

 

¿Se puede establecer un diálogo entre las exposiciones de Barcelona y Madrid?

Creo que las dos exposiciones crean una visión general de lo que hago, muestran de dónde vengo y quién soy en la intimidad. Por un lado, el proyecto en el Palacio de Cristal muestra lo último que he hecho. Se llama ‘Invisibles’ y es un grupo de tres cabezas que están en la posición clásica de silencio, mientras que la exposición en el MACBA es una mirada atrás, una recopilación de los últimos 30 años de mi obra, la más íntima y conceptual.

 

¿Hay diferencia entre el Plensa de ayer y el de hoy?

El Plensa de ayer y de hoy es el mismo pero está determinado por un factor clave: el envejecimiento en positivo, la maduración de ideas. Y esconde la confirmación que, probablemente, siempre he estado hablando de lo mismo pero que, sencillamente, lo he estado mirando desde puntos de vista diferentes. El gran sujeto es la relación entre materia y espíritu, entre el individuo y la comunidad, entre el uno y el todo, la dualidad de la cara con el espejo, esa imagen reflejada.

 

¿Y cómo se expresa en sendas exposiciones?

En el MACBA esta visión de comunidad se expresa en una pieza muy importante para mí: la cortina con la declaración de los derechos humanos. Un texto que, por azar, ahora celebra el 70 aniversario. Yo creo que es el poema más extraordinario que ha hecho la comunidad, lleno de intenciones, de anhelos de ser mejores pero, como los humanos somos imperfectos, nunca llegamos a conseguirlo.

En Madrid, la pieza en el Palacio de Cristal, hecha especialmente para este lugar, son las cabezas con los ojos cerrados, en posición de silencio, que muestran esta aspiración que tengo: la búsqueda del silencio para poder escuchar mejor la vibración del ser humano, los pensamientos más íntimos que podemos tener cada uno de nosotros y que muchas veces, a causa del bombardeo constante de mensajes o por pudor de uno mismo, nunca llegamos a comunicar. Y esto hace que se pierdan informaciones extraordinarias.

Este recorrido, desde esta declaración universal a la vibración de cada individuo, explica muy bien los 30 años de carrera para intentar entender quién soy, a dónde voy, de dónde vengo. Son las grandes preguntas que cada generación se vuelve a replantear una vez tras otra.

 

¿Por qué la palabra y el cuerpo humano son el hilo argumental de su obra?

Para mí, el cuerpo es una referencia clarísima: te puedo engañar con mis ideas pero no con mi cuerpo. Esto quiere decir que el contenido debe estar en perfecta relación con el continente. Hay una relación entre esa cosa invisible que nos hace mantener derechos y nos hace sentir personas y nuestro cuerpo, que es lo más físico y material. Y la palabra se parece mucho. La palabra es una de las pocas cosas que tienen la misma medida que su contenido. Cuando decimos una palabra, estamos también diciendo una idea. Y esta relación metafórica, entre lo que sería el mensaje y la botella, es extraordinaria. Metafóricamente, muchas veces he comparado la palabra con el ser humano y las letras, con los individuos que conforman una sociedad. Muchas veces no damos importancia a un individuo solo, como no damos importancia a una letra sola. Pero en relación con otras, pueden formar palabras, como los individuos solos pueden formar familias. Familias con familias forman ciudades; ciudades con ciudades, países; países con países, continentes y todo ello, el universo, de lo más pequeño a lo más grande. Y la palabra se parece mucho como metáfora. Tiene una cosa extraordinaria: se junta con nosotros a través de la escritura, que es la partitura de nuestra voz. Cuando alguien escribe, es un músico que pasa a papel una música, nuestra voz, que nos permite comunicarnos y sentirnos humanos.

 

¿Qué piezas ha elegido para la retrospectiva del MACBA?

La obra principal es la exposición en sí y mi voluntad es enseñar una actitud ante las cosas. Lo que he intentado, más que enseñar obras, es que la exposición en sí se considere una obra. En ella, he trabajado mucho la luz para crear un estado de ánimo concreto.

 

¿Qué se siente al volver a exponer en su ciudad natal?

Volver a exponer en mi ciudad después de la última vez, hace 22 años, siempre hace mucha ilusión. Soy muy nómada, me gusta mucho el concepto de viaje, ir de aquí para allá y creo que esta exposición llega en el momento justo, no tengo la sensación de que es ni tarde ni temprano. Llego a ella con un gran bagaje y madurez. Para mí, la creación es una forma de respirar, no es necesariamente una fabricación. En la vida del creador se pasan momentos difíciles pero también extraordinarios. En conjunto, es una maravilla porque intentas reflejar el perfume de una sociedad.

 

El Plensa de ayer se ve en Barcelona y el de hoy, en Madrid…

La del Palacio de Cristal es una exposición que me gusta especialmente porque obliga a forzar y agiliza la mirada, a hacer trabajar la percepción visual. Es una exposición que apela a la necesidad de estar más atentos y pide un esfuerzo al espectador, acostumbrado cada vez más a permanecer pasivo a la hora de mirar. Pero con la oscuridad del atardecer todo cambia. Es como si hubiera dos exposiciones: una de día, totalmente invisible, y la otra de noche, completamente mágica con la luz.

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